
En soledad y silencio contemplativos, Llull, tiene una intuición, año 1272 dogma de la Inmaculada. En las postrimerías, su obra, Libro de los principios de Teología, en ella confiesa el patrocinio, en su labor creadora de la bienaventurada Virgen María, concebida sin pecado original.
Año 1295, su obra, Árbol de ciencia, Llull, se pregunta, si la Virgen fue concebida sin pecado original. Su respuesta, contundente: La virtud y el vicio son contrarios; la plenitud de gracia es incompatible con el pecado. Desde la concepción prevalecía en ella la virtud, es necesario, pues que nuestra Señora sea inmune al pecado.
En París escribió sus Disputas entre el eremita y Raimundo, año 1298. La cuestión de partida en el texto, plantea sí la Virgen María contrajo el pecado original.
Raimundo contesta que si la Virgen María no hubiese sido limpia de todo pecado, el hijo de Dios no hubiese podido encarnarse en ella. La razón es que Dios y el pecado son inconciliables. La encarnación fue por parte de Dios, expresión de bondad, poder, virtud era necesario que tales condiciones estuviesen presentes en sumo grado en el sujeto en el que tomó carne humana, es decir, en la Virgen María. Por tanto ella siempre fue libre de pecado original. En su concepción no heredó el pecado de sus padres sino la santificación del Espíritu Santo que empezó a preparar la encarnación como la aurora prepara el día. De otra forma, los orígenes de Cristo hubiesen sido viciados. Fue conveniente que la concepción de María y la de Cristo se asemejaran. Adán y Eva en la creación gozaron de la inocencia anterior al pecado, por la redención María y Jesús, retornan a ese estadio, gozan de la inocencia primigenia. La conclusión es evidente: María fue concebida sin pecado original. Dios se había propuesto redimir al género humano ya antes de la concepción de María y, establecido este fin, pudo ajustar previamente todos los medios para conseguirlo; entre éstos, la concepción inmaculada de la Madre del Redentor. El Espíritu Santo tiene el poder para santificar tanto después como antes de la concepción. Esta argumentación equivale a la defensa de que María fue redimida antes de su concepción, en previsión de los méritos de Cristo; Llull diría, dentro del plan salvífico universal de Dios.
Otras obras en las que Llull expone su doctrina: Libro de Ave María (1283), Libro de Santa María (1290), Árbol maternal (1296) y otros, tanto en prosa como en verso. Su pensamiento está vinculado a la teología franciscana del primado de Cristo. Su producción teológica-mariana, precedió a la que hizo del dogma, después, el también franciscano, Duns Escoto. Fra Salvador Cabot