17 de diciembre de 2009

Fraile dominico, Nicolás Eimeric

Ramón Llull, la espiritualidad franciscana, cercana a lo herético, aprovechada por competidores, en las florecientes universidades y las respectivas escuelas, para lapidar el proceso de canonización, de una vida y pensamiento entregados a Dios. Ramón Llull sufrió en vida persecución, fueron árabes, cultura y religión ajenas, que incluso, llegaron a admirar a Llull, e invitar a tan ilustre personaje, a una conversión, tras tan arduo diálogo con tan insigne adversario y contendiente. Los hermanos de religión, una vez muerto, intentaron borrar su recuerdo y obra, negar su santidad, al igual que con otros doctores de la Iglesia. Nicolás Eimeric (1316-1399), inquisidor general de la Corona de Aragón, puso todo su empeño en demostrar que Ramon Llull, era un hereje. La Inquisición persiguió su obra, un fraile dominico, Eimeric, se atrevió, a tachar de heréticas las obras y teología de Llull, escudero del altísimo. Ramón Llull, que escribe, De conceptione Beatae Virginis Mariae, la Iglesia tarda unos siglos en aprobar, dilucidar y establecer el Dogma de la Inmaculada Concepción de María, un hereje paladín de nuestra señora. La Verdad y el Amor cuentan sus excelencias, salido de Mallorca, el hijo de la isla, habla a María.
A vos, señora virgen santa María
doy mi querer, que se quiere enamorar
de vos tanto que sin vos no querría
en nada desear ni amar;
porque todo querer tiene mejoría
sobre cualquier otro que no sea
amar a vos, que sois madre de amor.
Quien no os quiere, no tiene o sabe cómo enamorar.