
Ramón Llull, regresa a Mallorca, ve la necesidad de convertir a los infieles por un método – mediante la persuasión. Dedica un tiempo al estudio y la preparación: filosofía, teología, latín, árabe, etc. Funda en Mallorca un monasterio, Miramar, donde frailes franciscanos se preparan para misionar, evangelizar dedicados al estudio de las lenguas. Deseoso de compartir y difundir sus ideas, viaja varias veces a París y su universidad. También a Montpellier donde se encuentra la corte del rey Jaime II. El Rey Jaime II, le concede la aprobación para predicar en las sinagogas y mezquitas de su Reino. El Ministro General Franciscano le da cartas de presentación para enseñar en sus conventos de Italia. Roma y la curia papal es visitada y requerida en diversas ocasiones, como finalidad: conseguir apoyo para sus escuelas misioneras, la reforma que vive la Iglesia (Ordenes Mendicantes) y la organización de una nueva cruzada a Tierra Santa.